Héroes contra el Covid-19

Las siguientes líneas recogen testimonios de personas que trabajan, cada una en su puesto, para derrotar al coronavirus. Andrés, Antonio y Manuel son los protagonistas de esta historia

Máscaras solidarias para luchar contra el coronavirus

Andrés durante una mañana de trabajo. Imagen vía: Andrés Sellés

Desde la proclamación del estado de alarma son muchas las personas que se están viendo afectadas por este COVID-19. Sanitarios, policías, militares y hasta la población civil colaboran para que este maldito virus deje de causar estragos en la sociedad española.

Las personas que se están jugando su salud y las de los que lo rodean, viven expuestas al contagio del coronavirus. Muchos de los que están conviviendo con este virus no tienen medios con los que protegerse. Diferentes asociaciones, hermandades o voluntarios reparten material de protección e incluso algunos, hacen en sus propios domicilios máscaras. 

Es el caso de Andrés Sellés, un joven sevillano y antiguo alumno de la Cámara de Comercio que desde su domicilio lleva realizadas más de 100 máscaras desde que se estableciera el estado de alarma. 

Este joven dedica gran parte de su tiempo a hacer material de protección para todo aquel que lo necesite. Aunque el tiempo de elaboración de cada máscara es importante (entre 20 y 40 minutos), eso no ha impedido que lleve un importante número de máscaras realizadas.

Andrés estudió Animación 3D y juegos interactivos en EUSA y se formó de manera autodidacta en el mundo de la impresión 3D. Cuenta que comenzó con esta iniciativa a través de la cuenta de Twitter @3dcinter_sevilla y que de «casualidad» se fijó en el número de teléfono y contactó con ellos. «De casualidad llegué a ellos. Vi que tenían un par de números de teléfono en la cuenta de Twitter y estaban haciendo máscaras para hospitales, centros de salud, residencias y cuerpos de seguridad del Estado. Me puse en contacto con ellos por teléfono y me remitieron a un grupo de watshapp». 

Relata que cuentan con la casa de uno de los colaboradores, la cual sirve de «punto cero» para que policía y hospitales estén en continuo contacto con ellos. «Cuando una persona en su casa ha hecho un número importante de monturas, en este caso en Sevilla capital viene Protección Civil a tu casa y te recogen en tu casa las máscaras». 

Una de las muchas máscaras elaboradas por este sevillano. Imagen vía: Andrés Sellés

«Aquí lo único que se va a sacar es que la opinión pública conozca el tema de la impresión 3D y que entre todos los que estamos en el grupo tengamos algún tipo de contacto y sepamos que en Sevilla somos 70 personas dedicadas a esto», comenta este sevillano. 

El tiempo de elaboración de cada montura se tarda entre unos 20 y 40 minutos, dependiendo de la velocidad a la que se ponga la maquinaria. «En mi caso, para no pillarme los dedos y que no se me estropee ninguna impresión la ponga a una velocidad baja. A mí me tarda una montura 40 minutos». 

Una vez que la máscara está lista, solo hay que colocarle una gomilla para que se agarre a la cabeza. El material utilizado es el plástico PLA, el acetato que es la pantalla y la gomilla. Este joven comenta que «se puede ayudar de muchas formas» y recalca que a través de la página web www.mascarassolidarias.com cualquier persona puede colaborar.

La labor que hace este joven sevillano, totalmente altruista, es admirable. Es una forma de mostrar a la sociedad que entre todos tenemos que vencer este virus.

Limitar el número de pasajeros o colocar cinta de carrocero, estas son algunas medidas para evitar el COVID-19 en los autobuses

El mundo entero está viviendo una situación inusual. Una pandemia que comenzó en China en diciembre de 2019 y que a finales de febrero llegó a España. A estas alturas, el COVID-19 o también llamado coronavirus se ha cobrado la vida de casi 27.000 personas en España. Solo en Sevilla han fallecido más de 250 personas y Andalucía supera los 1.300 fallecidos. 

La vida ha cambiado en muchos sentidos, sin distinción de razas ni clases sociales. Esto está provocando una crisis económica que recuerda a la ocurrida en 2008, cuando el paro superaba la terrible cifra de 3 millones de personas. 

Algunas empresas han tenido que optar por hacer un ERTE, por lo que algunos de sus trabajadores se encuentran sin empleo de manera temporal. Pero hay trabajos que no han parado durante el confinamiento, como es el caso de la empresa de transportes Tussam. 

Antonio Vergara es uno de los “héroes” de esta cuarentena. Es conductor de la empresa de transportes urbanos Tussam y está viviendo esta situación a pie de calle. Comenta que “lamentablemente” han tenido que ir a un ERTE por “grupos de trabajadores cada dos semanas entre todos los conductores” y que trabajó las primeras cuatro semanas del estado de alarma, desde el 14 de marzo al 10 de abril, por lo que fue testigo del comportamiento de los sevillanos durante los primeros días de confinamiento.

Antonio en su puesto de trabajo durante un descanso. Imagen vía: Antonio Vergara

El estado de alarma ha llegado en la época que más dinero se mueve en Sevilla. Antonio cuenta que ha coincidido con unas “fechas claves de turismo y recursos económicos para toda la ciudad”. La Semana Santa y la Feria de abril no han podido celebrarse y eso ha provocado importantes pérdidas económicas para muchos ciudadanos. 

El confinamiento no solo causa pérdidas económicas al sector turístico en Sevilla, los autobuses han sufrido una bajada reseñable de viajeros y se han limitado el número de pasajeros en cada uno de ellos. “La bajada de viajeros ha sido muy grande debido a la ausencia de toda actividad comercial y estudiantil. Además, los viajeros se han limitado a 15 en los rígidos y 25 pasajeros en los articulados o conocidos popularmente como gusanos”.

En lo que se refiere al comportamiento de los sevillanos, Antonio comenta que “por norma general la gente se está comportando, aunque siempre hay alguna anécdota un poco más especial”. El personal parece haberse concienciado de la situación y usa “mascarillas y algunos guantes”, tal y como destaca este conductor. Desde el 4 de mayo, el uso de mascarillas es obligatorio para acceder a los transportes públicos. 

Otro de los aspectos que han cambiado con la llegada del coronavirus es el pago con monedas. Muchos establecimientos piden, si es posible, el pago con tarjeta. De igual forma, en los autobuses se ha prohibido desde el 14 de marzo el pago en efectivo. Antonio cuenta que “algún usuario ha querido pagar con dinero, cosa que esta prohibida desde el 14 de marzo, pero siempre algún viajero hace un buen gesto y le valida el viaje”. 

En lo que se refiere al comportamiento de la empresa, comenta que “dentro de sus posibilidades, no ha estado mal”, aunque las dos primeras semanas los propios conductores han tenido que poner cinta de carrocero o tiras de tickets para que el viajero no tuviera que acercarse hasta el chófer. 

La higiene es muy importante en este momento, por lo que se ha vuelto indispensable que el personal de limpieza desinfecte el autobús en cada relevo.  Por ello, en cada relevo de conductor hay alguien que se encarga de estas tareas para evitar cualquier tipo de contagio. 

También destaca Antonio, que existe una “preocupación lógica” entre sus compañeros por ser contagiados, pero que a su vez están “muy concienciados” de lo que tienen que hacer para evitarlo. Dentro de las medidas de higiene, han puesto un dispensador de gel desinfectante dentro de la cabina del conductor. 

El temido COVID-19 también ha llegado a esta profesión. Ha habido varios casos confirmados y otros muchos han estado de baja por síntomas leves. La falta de test ha provocado que no se cuantifique el número de casos. Esta es una de las muchas profesiones en la que sus trabajadores se juegan su salud y la de su familia por los demás.

“Ha muerto gente porque no había más camas de UCI”

Uno de los sectores que ha vivido y vive esta pandemia en primera línea de batalla son los médicos y enfermeros. Este gremio convive con el coronavirus diariamente, conocen de primera mano lo que produce en los seres humanos y es consciente de los daños físicos y emocionales que provoca el virus. 

Médicos, enfermeros, auxiliares… todos ellos se exponen al virus por los demás. Una profesión que se juega la vida por el resto de españoles y que se está viendo mermada por esta pandemia. Desde enfermeros y médicos recién salidos de la carrera o en el último curso a médicos jubilados recientemente. Todos ellos se han puesto al frente para lidiar con este virus y hacen todo lo posible para frenar esta pandemia. Este es el caso de Manuel Escobar, un enfermero sevillano que lleva en Madrid desde el 14 de marzo y que llegó con motivo de la falta de personal.

Manuel durante un día de trabajo. Imagen vía: Manuel Escobar

Manuel, que terminó la carrera el pasado curso, no dudó en ponerse a disposición de cualquier comunidad autónoma que necesitase enfermeros. “Al decretarse el estado de alarma, tenía muy claro que si en alguna comunidad autónoma necesitaban enfermeros, ahí estaría. En apenas cinco minutos, llamé a la dirección de enfermería del hospital que me pasaron el número y tenía contrato en la Unidad de Cuidados Intensivos”. 

Este sevillano se encuentra en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares, uno de los “más golpeados por el Covid-19”, como relata este joven enfermero. Este trabajo se ha convertido en una profesión de riesgo, más si cabe con el COVID-19 presente. Cuenta que “más que miedo es respeto, porque no vemos el riesgo” por lo que las precauciones se tienen que extremar aún más, sin olvidar un posible contagio a los seres queridos. “El miedo es a contagiar a tu familia, que por esta circunstancia los tengo a 600 kilómetros. Los echo infinitamente de menos, pero estoy tranquilo porque no les pongo en riesgo”. 

Uno de los temas que más controversia ha generado en la sociedad y en los propios médicos y enfermeros ha sido la falta de material. Mascarillas no aptas para enfermeros, batas de papel o falta de respiradores para los enfermos han sido la tónica general desde que comenzó esta crisis sanitaria. 

Aunque con el paso del tiempo han dispuesto de mejoras en el material de protección, sigue habiendo margen de mejora. Manuel comenta que “al principio fue muy deficiente. Batas de papel, muy finas y mandiles de plástico. Cuando ha ido avanzando la situación si hemos dispuesto de batas impermeables, incluso monos cedidos por empresas agrícolas o de pintura de coches. También tenemos pantallas y gafas de protección”.

La falta de material de protección adecuado es uno de los asuntos que más repercusión ha tenido en estos meses. Uno de los ejemplos es que les han dado mascarillas y guantes no homologados. Manuel comenta que “Las mascarillas FFP2 (en ningún momento hemos tenido FFP3) se usan por turnos. Es decir, durante tu jornada laboral y al acabar, la tiras” 

“Pero hemos tenido que denunciar que nos han dado tanto mascarillas como guantes no homologados, que no cumplen la legislación vigente en cuanto a protección contra microorganismos”.

La falta de personal y sobre todo, la incesante carga de trabajo motivada por la irrupción del COVID-19 provoca jornadas agotadoras entre los médicos y enfermeros. Personal sanitario contagiado, un exceso de horas por la falta del mismo, material deficiente… con todo eso han convivido y siguen conviviendo todos los sanitarios que se exponen al virus, algunos de ellos contagiados. “Aquí en Madrid son turnos de siete horas por la mañana y por la tarde. Las noches son de diez horas porque en teoría son más tranquilas. Pero los cuidados no entienden de horas y hay noches que estás dentro de un box casi las 10 horas. En marzo y principios de abril íbamos pasados de horas. Se suelen hacer unas 120 al mes, y sólo en 15 días de marzo llegué a hacer 100 horas”. 

El número de enfermeros contagiados ha sido alto y por ello, muchos de ellos han tenido que trabajar muchos días sin descanso. “Empalmé hasta 8 días de trabajo seguidos, incluyendo noches”. 

Manuel recalca que aunque ha tenido que trabajar tantos días seguidos, comenta que ha venido a eso, a trabajar. Algunos han tenido que doblar turnos pero solo en “contadas ocasiones”, comenta este enfermero, pero que han “afortunadamente, ahora todo está mucho más tranquilo y tenemos días libres. Pero siendo franco, he venido a trabajar, no para estar encerrado en un piso”. Aunque la plantilla de enfermeros en UCI es amplia, sí ha tenido que ir a trabajar en su día libre porque alguno había dado positivo por COVID-19. “Avisaban para entrar a trabajar en media hora o una hora aproximadamente”. 

Esta situación ha cogido de sorpresa a todos y según Manuel, la gente no es consciente de lo que está ocurriendo. “Los que estamos viviendo ‘en carne y hueso’ el COVID-19, no se lo puede imaginar. Este enfermero asegura que seríamos más “conscientes” si viéramos lo que está pasando en los hospitales. “Gente muriendo sola en una UCI, en una urgencia, tirado en el suelo porque no hay camas, sillones… Si fuera mínimamente consciente de lo que se está viviendo de puertas para adentro, seríamos mucho más responsables”.

La crisis del COVID-19 ha realzado aún más la importancia de la sanidad pública. Una sistema sanitario que se ha visto saturado ante la incesante carga de trabajo. Manuel confirma el “colapso” que sufre actualmente la sanidad pública y que esta situación perdurará en el tiempo. “La sanidad pública colapsó en marzo, y aun seguirá colapsada. Se han sacados camas de UCI de donde no las había. Una parte de ingenio y otra de improvisación, para que en la medida de lo posible, cualquier persona tuviera un respirador si fuera necesario. “Desgraciadamente ha muerto gente porque no había más camas de UCI, ni respiradores. Se ha llegado a poner límite de edad para ingresar en UCI”.

En lo referente al día a día en el hospital, la situación ha mejorado considerablemente. Los contagios han bajado y muchos no han precisado de cuidados intensivos. Manuel cuenta cómo ha sido la situación y la saturación que han sufrido durante estos meses. “A pesar de estar a más de 100% de capacidad de la UCI, el ritmo de ingresos ha bajado permitiendo que haya camas libres con sus respectivos respiradores. Podemos llegar a tener un 200% más de camas, que afortunadamente no están siendo necesitadas. Para que se hagan una idea, la capacidad normal son de 14 camas. Hemos llegado a tener 34 o 35 camas ocupadas. Una absoluta barbaridad”.

Este sevillano cuenta que la única forma de combatir el virus actualmente es “llevando a cabo las recomendaciones que las autoridades competentes dicen que hay que hacer en cada momento, aunque sea por respeto a los que nos estamos jugando el pellejo en el hospital, repartiendo mercancía o reponiendo un supermercado para que podamos comer”. Una de las mejores sensaciones que ha vivido este joven es la de ver cómo se recupera alguien que ha estado cerca de morir. “Lo mejor ha sido ver salir a las personas de la UCI cuando las he visto a punto de morir. Le das sentido a todo el trabajo hecho por tantísimas personas, y le da sentido a la enfermería y sus cuidados”.

Estos meses han servido para que se refleje (aún más) la importancia de la sanidad pública. Un sistema que se ha visto saturado y que ha necesitado tirar de todos aquellos jóvenes e incluso, de profesionales jubilados. Casos como el de Manuel se han repetido por toda España. Estudiantes de medicina en sus últimos años, enfermeros recién salidos de la carrera… todos ellos son un ejemplo de vocación por su profesión. También con esto demuestran el talento y la capacidad que tienen los jóvenes españoles, que no solo se divierten y se lo pasan bien con sus amigos, sino que salvan miles de vidas en los hospitales. No se debe olvidar que aunque sea su trabajo, se juegan su vida por salvar la de los demás.

Por ello, Manuel transmite un mensaje de “responsabilidad y coherencia” recalcando que “no nos estamos jugando la vida miles y miles de personas para salvar otras vidas y que no seas capaz de respeta los horarios de salidas”.